Destino: Japón. Tenemos una gran oportunidad que no podía presentarse mejor. 14 días de estancia invitados en casa de Atsuki (guía oficial de habla hispana y antiguo compañero de trabajo en Madrid), un calendario muy completo y muchas ganas por visitar los lugares mas característicos y los mas inusuales de Japón. Este es el diario de las peripecias de una madrileña, un catalán y un japoñol en el país del sol naciente.
OSAKA, 13 octubre
Son las 08.00 de la mañana, el día es soleado y después de un interminable viaje de 18 horas de vuelo (Madrid-Frankfurt-Osaka) desembarcamos y tomamos tierra en el impresionante aeropuerto de Kansai, situado en una isla cercana a la ciudad de Osaka.
Recogemos el equipaje y utilizamos el tren bala que nos lleva a Shin-Osaka (la estación central). Una vez cruzado el larguísimo puente que une la ciudad y aeropuerto, tenemos el primer contacto con la localidad a través de las ventanas del tren.

Edificio Umeda Sky
Al principio pasamos por una zona residencial de pequeñas casas unifamiliares, después el paisaje cambia y se empiezan a ver edificios de viviendas, grandes almacenes y Pachinkos (locales destinados al juego y apuestas). Vemos los llamados Jardines Colgantes situados en el barrio de Umeda, son dos altísimos rascacielos conectados entre sí.
La ciudad es enorme y tardamos un buen raro en llegar al centro. De allí cogemos un tren de cercanías que nos lleva a la ciudad de Takatsuki, y de allí un taxi que nos deja en casa de Atsuki. El taxista lleva guantes blancos de tela y abre las puertas traseras automáticamente desde el volante. Primera gran sorpresa de todas las que nos deparara este fantástico viaje.
Por fin llegamos a la casa que en los próximos días será nuestro hogar. Es una casa de 2 plantas a cuatro vientos, con garaje y un pequeño jardín muy bien cuidado. Las habitaciones son de estilo japonés, con las puertas correderas y los tatamis en el suelo (tenemos que descalzarnos a la entrada).
En el primer piso se encuentra la cocina con una mesa occidental en el centro y repleta de electrodomésticos, un servicio con un sanitario con bidet incorporado (un misterio para nosotros) y un cuarto de baño al estilo japonés (ducha y bañera en una habitación cerrada). Hay cuatro habitaciones: un comedor, un salón principal, la habitación de Atsuki y otra habitación donde esta ubicado el mausoleo del difunto padre de nuestro anfitrión.
En el piso superior hay otra habitación, un lavabo y un vestidor. Hay que comentar que en Japón se duerme en el suelo, sobre finos colchones; de esta manera, cuando te levantas, recoges el colchón y la habitación queda libre. La mesa para comer esta a unos 40 cm del suelo y se come de rodillas. Pero si algo aprecia el japonés es la comodidad, y esa comodidad se ve cuando toma el baño. Primero se ducha y después se introduce en una bañera con agua muy caliente que no para de regenerar la temperatura, para poder estar todo el tiempo que deseen (relax total). Si después dispone de un sillón con masaje automático, el descanso es completo.

Maquinas expendedoras
Nos damos una vuelta por el barrio. Son las cinco de la tarde y no es una calle muy concurrida. Nos fijamos en cosas cotidianas que para nosotros resultan curiosas, desde los semáforos en horizontal, la cantidad de maquinas expendedoras de refrescos y tabaco, las papeleras con recogida selectiva de basuras, los escaparates de los restaurantes con los platos presentados en cera, y un largo etc.
Nos dirigimos al barrio de Shitennoji, donde esta la oficina de alquiler de coches y nos proporcionan un Toyota de 4 puertas bastante nuevo. La primera toma de contacto no podía ser más accidentada. Olvidamos que se conduce por la izquierda pero enseguida nos hicimos con el coche y circulamos por las transitadas calles de Osaka como si lo hubiéramos hecho siempre.
Hay que decir que en Japón se conduce con bastante prudencia, no se suele correr mucho (aunque siempre existe la excepción), no se permite aparcar en la mayoría de las calles y hay que buscar un parking (a una media de 300 yenes la media hora). Los cinturones que agilizan el tráfico en el interior de la ciudad son de pago igual que las vías rápidas que enlazan las ciudades. El automóvil no es el medio mejor para desplazarse por la ciudad, el metro y los autobuses funcionan muy bien y con una frecuencia de paso bastante alta.
Visitamos el castillo de Osaka (OSAKAJO).

Castillo de Osaka
El castillo está situado muy cerca de un complejo de varios rascacielos de oficinas y es muy curioso el contraste. Fue construido en el año 1586 por Toyotomi Hideyishim. Aquí la familia Toyotomi encontró su fin ya que vivieron quince años en el castillo después de haber perdido el control sobre Japón en 1600. Hace poco que ha sido restaurado y si no fuese por el ascensor para minusválidos que instalaron, el castillo estaria igual que en su época. En el jardín exterior se encuentra un pabellón de la exposición universal de 1970 y un monumento a una urna que fue enterrada a 15 metros de profundidad con motivo de otra exposición. Ésta urna contiene objetos cotidianos de Japón, y está pensada para que futuras generaciones puedan conocer como se vivía en esta época.
Empieza a oscurecer e iluminan el castillo con unos focos, pero para nuestra sorpresa y nuestra fortuna, hoy se celebra un festival (desconozco el motivo), en el cual iluminan con velas todo el camino de entrada al castillo; además en el foso junto al puente se dejan flotando cientos de velas encendidas. El acto se abre desde la entrada al recinto amurallado por una representación de dos peregrinos acompañados de un samurái y dos niños, todos vestidos con ropa de la época. Los monjes hacen sonar unas caracolas de mar y según la tradición, ésto indica el inicio de una batalla.
En este festival no concurre mucha gente, pero hay gran cantidad de fotógrafos, dispuestos a captar una imagen que combine, el castillo, la luna y el foso iluminado con las velas. Estas velas llevan escrito un deseo y pueden escribirlas cualquier persona (pagando claro).
Antes de ir a casa, paramos a tomas una cerveza en una pequeña taberna cerca de la estación de Takatsuki. Está bastante concurrida, al entrar las dos camareras, que no paran de cocinar y servir, nos miran tímidamente, se dan cuenta de que no somos del barrio ni del país. Al fondo de la barra una persona nos mira mas curiosamente, se acerca y nos invita a una cerveza; resulta que es el propietario del local y nos invita porque somos los primeros extranjeros que entramos en su taberna, que ha abierto hace poco. Aceptamos gustosamente la invitación y después de agradecérselo nos vamos.
Al llegar a casa cenamos el Okonomiyaki, un plato típico de Osaka conocido en occidente como la pizza japonesa. Se elabora en una plancha eléctrica antiadherente. La base está compuesta de harina, huevo y puerro y puede llevar cualquier tipo de ingredientes (carne, pescado, verduras, etc.), se acompaña con una salsa a base de salsa de soja, sake y azúcar.
Después nos ponemos a organizar un poco el itinerario del viaje, probamos el whiskey Suntory una marca japonesa muy prestigiosa en este país. No está nada mal pero prefiero el “Johnny Walker black label” que hay en el mueble bar. Son las 2.30 del día 14 de Octubre y el sueño me vence, a pesar de haber sido un día muy intenso y con muchas cosas en las que pensar.
NARA, 14 octubre
Salimos de Osaka temprano. Hoy es lunes, pero es fiesta, se celebra el día del deporte y la salud. No hay colegios, no trabajan en las fábricas, ni en las oficinas ni los funcionarios, aunque todos los comercios abren. Nos dirigimos a Nara, que no está muy lejos de Osaka y el día es espléndido.
Nara fué el primer centro político y cultural del Japón unificado. No obstante, cuando la capital se trasladó a Kyoto a finales del sigloVIII, Nara empezó su decadencia y pasó a un plano secundario.

Ciervos en Nara
Debido a la festividad encontramos la eterna caravana de siempre y los consiguientes problemas para encontrar parking. Mientras buscamos sitio para aparcar vemos los primeros ciervos, no uno ni dos, son cientos que circulan libremente por el parque. Por eso el símbolo de Nara es el ciervo. Se dice que es el mensajero de Dios y por lo tanto son animales casi sagrados, no se les caza, ni se les enjaula y la gente los va a ver como si fueran una atracción e incluso les dan de comer unas galletas que compras en el mismo parque, como si fuesen palomas.

Festival Nara
Para nuestra fortuna, hoy se celebra la ceremonia del corte de los cuernos del ciervo. Este acto se realiza para evitar que los ciervos en época de celo sean agresivos. El recinto donde se celebra es ovalado, en un lado las gradas, en otro lado el palco para la presidencia. Hay un gran número de personas en la arena todas vestidas de forma tradicional. Dejan entrar 2 o 3 ciervos, aunque el corte se realiza de uno en uno. Lo primero es encaminar al ciervo por un pasillo formado por los ayudantes, mientras uno de ellos intenta echarle el lazo, tarea nada fácil ya que el ciervo es extremadamente rápido. Después de varios intentos lo logran y extienden una pantalla de tela en medio del recinto para que los otros ciervos no vean lo que allí se practica. Al ciervo atado se le amarra a un tronco y se le inmoviliza y entonces un monje vestido con un traje para la ocasión sierra los cuernos (es el único que puede hacerlo). Una vez cercenados los cuernos, los ciervos se dejan en libertad.

Templo Todai-ji
Continuamos la visita dentro del parque, pues hay un templo llamado TODAI-JI; se dice que es la construcción de madera más grande del mundo (40 metros de alto x 47 de largo). Su construcción data del siglo VIII. La puerta está presidida por los guardianes budistas. Estos son más conocidos como “An” y “Aun” y suelen verse en la mayoría de los templos budistas. Son los encargados de velar el templo de demonios y otras fuerzas malignas. Se dice que son una pareja mas bien avenida, cada uno complementa al otro y por eso se dice que un matrimonio que lleva mucho tiempo casado es un matrimonio An-Aun.

Guardianes An y Aun
En el interior del templo se guarda el Gran Buda de Bronce de 16 metros de altura, 120 kgs de oro y 430 toneladas de bronce. Las posiciones de las manos diferencian a una imagen de Buda de otra y cada una tiene su propio significado.

Gran Buda
En el caso del Gran Buda de este templo la mano derecha sugiere que no necesitamos preocupar- nos demasiado, porque Él nos ayudará. La mano izquierda indica que el Buda hará que nuestros sueños se hagan realidad. En el templo además pueden verse otras estatuas como la de los discípulos más importan-tes de Buda y la de los guardianes del templo con los diablos bajo los pies.

Pagoda del templo Kofukuji
Salimos del templo flanqueados por numerosas tiendas de suvenir y nos dirigimos al templo del KOFUKUJI presidido por una pagoda de 5 pisos y todavía dentro del parque de Nara. En el templo nos encontramos unos puestos donde unos monjes escriben poemas en caligrafía japonesa o Shodo (nada fácil) y también dedican por unos yenes los libros de oración. Viéndolos escribir los símbolos parecen más pintores que calígrafos y es que la caligrafía japonesa y sus calígrafos son considerados como arte y artistas respectivamente. Su objetivo no es simplemente escribir para leer, es visualizar la belleza de las letras y hacer sentir el contenido del texto, bien sea una poesía o una sóla palabra a través de su estilo y diseño.
Para acabar el día visitamos una taberna típica japonesa del centro de Nara. Hay que decir que el término bar como lo conocemos en España no es igual que en Japón. Sí se puede tomar cualquier licor (cerveza, sake, aguardiente,…) pero ha de ir acompañado de alguna comida o tapa (de consumo obligado en el establecimiento). Son pocas las tabernas en las que sólo puedas beber. Normalmente suelen estar reservadas grandes mesas para “cenas de empresa”. Es típico en muchas empresas salir a tomar algo después del trabajo. A veces estas reuniones terminan muy tarde y con cierto grado de alcohol. Siempre invita el jefe de la empresa y está muy mal visto no asistir.
Hay que decir que para el japonés la empresa es como su segunda familia (aunque para algunos sea la primera y única). Se tiene la costumbre de entrar a trabajar de joven y no cambiar hasta la jubilación, dejando en manos de la empresa la resolución de todos los gastos que puedan surgir (médicos, seguros, jubilación,..). A cambio el trabajador ofrece una total dedicación. Aunque este sistema está cambiando. Las últimas generaciones ya cambian de trabajo más a menudo y no le dan tanta importancia al hecho de tener un puesto fijo, sino mejores condiciones y más ventajosas.
Volvemos a casa, hoy para cenar toca una suculenta Tempura (gambas, batatas, rancon, pimientos, zanahorias, etc.) y arroz al curry. Mañana nos espera un largo día en Kyoto.
KYOTO, 15 octubre
Son las 8 de la mañana, no hay que perder tiempo pues hoy tenemos una maratoniana jornada, nos vamos a Kyoto. ¿Qué se puede visitar en Kyoto? Pues unos cuantos templos. Visitaremos solo los más importantes ya que habiendo más de 3000 en la ciudad hay que ser un pelín selectivos. Kyoto fue capital del imperio desde el año 794 hasta el 1868, siendo este período uno de los más ricos en construcciones tanto religiosas como de poder y de creación artística. Es una de las pocas ciudades de Japón que conserva la mayoría de sus templos y monumentos ya que no fue bombardeada en la II Guerra Mundial. También combina modernidad e historia, es curioso pasear por sus interminables calles comerciales plagadas de llamativas tiendas y encontrarte un pequeño templo como un establecimiento más.

Terraza en Templo Kiyomizu
El día no podía ser mejor, hasta hace un poco de calor, y vamos en coche al TEMPLO KIYOMIZU: os sonará el nombre porque ha sido nominado para ser una de las nuevas 7 Maravillas del Mundo. Es el templo budista del agua pura y está situado al pie de las montañas de Higashiyama. Fué fundado en 798 por Sakanoue no Tamuraro, general del emperador de Kammu. Se dedica a Koyasu Kanon, la diosa de la misericordia de once caras.
Para llegar al templo hemos de subir un angosta calle abarrotada de tiendas, sobre todo de dulces y souvenirs. Por desgracia la entrada principal está siendo restaurada y tenemos que entrar por la lateral. Una vez cruzada la puerta y después de habernos purificado con agua nos encontramos con una pequeña pagoda. Es un templo cargado de simbología. En la entrada al recinto principal está el dios de la Fortuna, al que invocan los creyentes cuando quieren que su negocio vaya bien.
El templo se sustenta por unos gigantescos pilares de madera y desde su terraza se tiene una hermosa vista de Kyoto. También contiene una estatua a la que las mujeres embarazadas invocan para que el parto sea satisfactorio. A lo largo del jardín que rodea el parque se encuentran unas pequeñas estatuas ataviadas con baberos rojos, que son las tumbas de bebés nonatos. Al final del templo hay una cascada (Otowa no Taki) de tres finos chorritos. Una creencia local afirma que cada uno tiene propiedades: belleza, inteligencia y salud. Nosotros aunque no somos creyentes pero si muy supersticiosos las probamos todas (por si acaso).

Templo Sanzen-In
Nos dirigimos al templo SANZEN-IN, más conocido como el templo del musgo y está situado en el pueblo de Ohara, a una hora de camino de Kyoto. Fué construido según la doctrina Tendai en el año 985, en el período Edo. Tenemos mucha suerte, es medio día y no hay nadie en el templo, así que mejor, pues el templo está ubicado dentro de un bosque y se agradece el silencio. El otoño no ha llegado a su máximo esplendor pero el paisaje es increíble. Por eso dicen que el otoño es la mejor época para visitar Japón. El templo dispone de un pequeño recinto destinado a la exposición de objetos (dibujos, escritos, utensilios cotidianos) que datan de muchos siglos atrás. La mayoría se conservan en muy buen estado y se puede apreciar la calidad, minuciosidad y el arte del pintor. También hay caligrafías milenarias.

Figuras de Buda
En otro pequeño recinto al exterior nos encontramos con unos estantes en los que se encuentran unas 11.000 pequeñas figuras de Buda. Cada una tiene un número y cada número corresponde a una persona que ha pagado para colocarla allí.

Templo Kinkaku-ji
Volvemos hacia Kyoto para ver uno de los palacios más bellos. El KINKAKU-JI o más conocido como templo de pabellón de oro. Es un templo dedicado a la diosa budista de la misericordia, Kannon, y construido en el año 1397 por el Shogun Yoshimitsu, el tercer shogun de la era Ashikaga. La cúpula, que se refleja en el lago circundante, está cubierta con una hoja de oro. Fué originalmente una villa, pero con el paso del tiempo se convirtió en templo budista zen. Fué quemado deliberadamente en 1950 por un sacerdote y se reconstruyó en el año 1955. No se puede entrar en el pabellón pero en su interior hay una reliquia de Buda (un hueso) y tesoros de incalculable valor acorde con el recinto que los alberga.
Al final del recorrido nos encontramos con un pequeño salón de té, al estilo más tradicional japonés. Ya se sabe que la cultura japonesa hace que las cosas más cotidianas tengan otra dimensión, más conceptual, buscando la sencillez, la perfección de la acción y el té es su máximo exponente. En la ceremonia del Té se manifiestan los 4 pilares de su cultura como son Wa (armonía), Key (respeto), Sei (pureza) y Djaku (calma y tranquilidad). El mensaje que quiere transmitir es el de vivir el momento, el aquí y ahora.

Templo Ginkaku-ji
Continuamos la visita y nos dirigimos a ver el templo GINKAKU-JI (o Pabellón Plateado). Fué construido en el año 1488 por el shogun Yoshimasa Ashikaga. Se construyó pensando en hacer algo parecido a Kinkaku-ji pero recubriendo la totalidad de la estructura con hojas de plata, pero el constructor murió antes de empezar. El recinto se comunica con un templo zen clásico, el nanzenji, a través de una calzada con un canal llamado el Sendero de la Filosofía.
Por esta historia alguien podría pensar que Ginkaku-ji es una copia barata de Kinkaku-ji, pero nada más lejos de la realidad. Son dos palacios muy diferentes, mientras el de oro es esplendoroso por su riqueza y belleza exhuberantes, el de plata es más modesto, su entorno tal vez más salvaje y no tan minuciosamente cuidado. Pero existe una peculiaridad en el recinto y es el jardín de arena o “kare-sansui” (jardín sin vegetación), realizado por Soami, uno de los más famosos especialistas en este arte. El paisaje se compone con arena o grava y piedras a modo de islas. Estos jardines, según dicen, se conciben para ser contemplados de noche, a la luz de la luna, pues captan lo esencial de la naturaleza, su armonía interior. Pero nosotros no tenemos esta suerte ya que el templo cierra a las cinco de la tarde, aunque el día está nublándose y empieza a oscurecer, y aprovechamos que no podemos ver más templos por hoy (debido al horario de cierre), y nos quedamos un rato aprovechando la tranquilidad del lugar.
Después de tanto lugar trascendente y hermoso nos hace falta un poco de bullicio y ruido, y que mejor lugar para ello que el centro comercial de Kyoto.
Para empezar nos metemos en una hamburguesería japonesa “mos-burger”, será a la teriyaki pero no nos convence y creo que las hamburguesas, sean de la cadena rápida que sean, son un atentado para el paladar y el estómago humano, para comida rápida ya tenemos takoyakis (bolas de harina con pulpo), o el fantástico yakisoba (fideos, de los que somos unos auténticos devotos), o que decir del lamen (fabuloso).
Nos sumergimos por las calles más transitadas, visitamos librerías, tiendas de ropa, e incluso una gran tienda de todo a cien (todo, todo). Atsuki nos comenta que estas tiendas no existían antes pero debido a la crisis económica van teniendo mucho éxito, en ellas se vende de todo y no están nada mal.
Visitamos la planta de alimentación de unos grandes almacenes, no se puede decir que sea un supermercado como en occidente entendemos como tal. Hay que señalar que el japonés de clase media alta, no tiene tiempo y tampoco lo quiere gastar en cocinar, por eso tienen tanta aceptación los platos precocinados. No hay estantes con los productos en su primera gama (carne, pescado, pasta, legumbres) si no que se venden los platos en su cuarta gama, platos precocinados sin congelar y dispuestos para comer.
En el recinto hay diversos puestos especializados en diferentes productos, sería como un mercando tradicional pero de platos cocinados, los dependientes anuncian su productos a viva voz como si pescaderas del mercado de la Boquería fuesen. Es muy curioso.
Se vende el pescado cortado a la perfección para el sashimi, bandejas con surtido de sushi, estofados, sopas, pastas, y un sinfín de platos, algunos de cocina internacional.
Continuamos el callejeo y al empezar a llover buscamos un lugar donde tomar una cerveza, difícil búsqueda y además con lluvia. En el intento nos introducimos por unas angostas calles, la iluminación, los machacas en la puerta y los llamativos carteles de sus escaparates nos confirman que es una calle de prostíbulos, es curioso por que, a pocos metros se encuentran los grandes almacenes, es como pasar a otra dimensión tanto moral como estética.

Geishas
Por la calle sale alguna Geisha que seguramente ira a recibir algún cliente. Hablar de las geishas es entrar en un mundo un poco prohibido, oficialmente no están permitidas, como toda la prostitución en general, pero en Japón son toda una leyenda, son educadas desde muy jóvenes para brindar placer, su nombre significa artista o artesana, y se diferencian de las prostitutas corrientes por proporcionar más placer y deleite espiritual que físico.
Aunque creo que la leyenda no hace otra cosa que encubrir un aspecto más del machismo, es intentar elevar a arte la prostitución, pero no deja de ser una forma de explotación sexual. Por cierto, una noche con una geisha auténtica puede salirte por un ojo de la cara (un millón de yenes aproximadamente).
Decidimos volver a casa, la verdad es que entre el agotamiento y la lluvia estamos destrozados, mañana más templos.
Kyoto, miércoles 16 de octubre

Torii Heian
Son las 7 de la mañana y empezamos a acostumbrarnos a los madrugones. Hoy visitamos el templo Heian Jingu que está situado en una amplia zona donde se encuentran algunos museos como el de arte moderno y el museo municipal. Las calles son amplias y todo el barrio está presidido por un gigantesco Torii, como si fuese un arco de triunfo.

Templo Heian Jingu
El templo Heian Jingu o templo de la Paz es una de las primeras obras arquitectónicas del Japón moderno, construido en 1895 para conmemorar el 100 aniversario de la construcción de la ciudad de Kyoto. Fué dedicado conjuntamente a los emperadores Kammu y Komei, y simboliza la versión arquitectural del sintoísmo.

Jardínes del templo Heian Jingu
Pero aparte de las llamativas construcciones del templo, con sus complejos tejados, por lo que es más conocido el templo, es por su jardín de más de 3 kilómetros cuadrados. Decidimos visitarlo, hay muy poca gente y en el lugar reina una tranquilidad absoluta. Cual es nuestra sorpresa al encontrarnos con un hermoso parque, en el cual nada está puesto al azar, todo guarda un orden y como no, un equilibrio. Los arboles están esculpidos (gracias a la técnica de bonsái) a lo largo del camino debidamente señalizado.
Vemos diferentes plantas y flores, pero la atracción principal es el pequeño lago artificial presidido por un hermoso puente cubierto. En el lago hay carpas de multitud de colores e incluso algunas tortugas (de especies diferentes), el silencio es total y parece como si detrás de sus muros no existiese el trajín de coches y personas que circulan por la calle. Dedicamos un buen rato a visitar el jardín.

Naginata
Salimos a la calle y damos una vuelta por el barrio. Nuestra curiosidad nos lleva a colarnos en el Kyoto City Budo Center, un centro deportivo de las disciplinas típicamente japonesas (Sumo, Judo, tiro con arco, Kyu-Butokuden, etc.). El recinto está compuesto de varios pabellones cada uno destinado a las diferentes disciplinas. Nos permiten entrar en lo que parece un moderno gimnasio, en él vemos un pabellón deportivo donde se practica el balonmano y el ping-pong, pero de la planta baja nos atrae cierto ruido de palos, no es otra cosa que unas mujeres practicando la Naginata, una especie de danza utilizada tradicionalmente por las mujeres de los samuráis. Hoy en día es un deporte de competición.

Templo Nanzen-ji
Después nos dirigimos al templo Nanzen-ji (templo meridional de la montaña), uno de los templos más importantes de la secta budista Zen. El Emperador Kameyama se enamoró del lugar y construyó su templo en el año 1264. Más tarde cedió el palacio al monje zen Daimin Kokushi para que fuese un templo zen en año 1291. Entramos por la puerta San-mon (puerta de la montaña). En ella hay pinturas y figuras de Buda. Continuamos la visita encontrándonos con un pequeño acueducto de estilo romano, esta construcción es bastante nueva y desentona un poco con los otros 12 edificios que componen el templo.

Acueducto templo Nanzen-ji
Visitamos las dependencias del templo donde se exhiben en las habitaciones pinturas con motivos típicamente japoneses de la edad media. Los jardínes a los que dan las diferentes habitaciones son auténticos cuadros naturales, es como si abrieras la ventana y te dieras de golpe con la belleza que en este caso no es salvaje si no esculpida con un motivo artístico por el jardinero, auténtico responsable de tanta hermosura. También vemos el jardín de arena, perfectamente trabajado, con unas piedras dispuestas artísticamente, simbolizando unas islas y la arena, por las ondulaciones con que está trazada, parece el agua que las rodea.

Templo Fushimi-inari
Dejamos el templo y nos dirigimos al templo de Fusimi-inari o más conocido en Japón como el templo de los diez mil Toriis. Se dice de este templo sintoísta que está dedicado a los negocios. El templo empieza en la ladera de la montaña y digo empieza por que para verlo entero hay que subir por un larguísimo sendero. Hasta ahí es todo normal, pero el sendero está cubierto por toriis (puertas sintoístas). No hay ni una ni dos, si no más de diez mil, cada una de ellas financiada por algún creyente. En cada torii se puede leer el nombre del feligrés que lo ha pagado. El lugar es increíble y como nos enteramos de que no cierra decidimos venir más tarde y aprovechar para ver el palacio imperial.

Jardínes del Palacio Imperial
Pero no tenemos suerte y el palacio imperial cierra a las 4 de la tarde, asi que decidimos visitar sus jardínes (National garden). Un inmenso parque público y no hay mucha genta paseando. El parque está perfectamente cuidado, su césped perfectamente cortado y sus árboles cuidadosamente podados. Las avenidas son larguísimas y tardamos un buen rato en recorrerlo, empieza a oscurecer y volvemos a la montaña de los toriis.
Comenzamos el ascenso, es de noche y la escasa iluminación del camino hace que éste cobre un aspecto entre siniestro y mágico, según se mire. Decidimos ir subiendo y vaya si subimos. Suerte que a lo largo del camino había sitios de descanso en los que se encontraban pequeños templos para rezar, o cementerios. También nos encontramos muy a menudo con la figura de un zorrito blanco ataviado con un babero de color rojo, según la leyenda este animal es el mensajero de los dioses en la religión sintoísta.

Túnel de Toriis
Continuamos la ascensión y la verdad es que todo esfuerzo tiene su justa recompensa, la vista de Kyoto desde la cima de la montaña es simplemente impresionante, una inmensa superficie iluminada está bajo nuestros pies, podemos distinguir las carreteras, los trenes, etc. En la cima hay un pequeño templo dedicado al rezo para los que han logrado con esfuerzo o fé llegar hasta arriba.
Emprendemos la bajada, no vemos ni un alma y la verdad es que como nos hubiera salido alguien de repente habríamos bajado a toda velocidad. Sólo nos encontramos con una mujer mayor dueña de un pequeño restaurante que está a mitad de camino, había cerrado su negocio y cargada con dos cajas a la espalda se disponía a marchar hacia su casa que está más arriba. Parece increíble que una persona pueda vivir allí, tan incomunicada de la ciudad. La mujer es muy simpática y nos pregunta de donde somos, y le pregunta a Atsuki si el moreno de su piel es por el sol español, también nos dice que no suelen venir muchos extranjeros por este lugar y menos de noche. También no topamos con un deportista que aprovecha el camino para entrenar por la noche.

Barrio Gion
Dejamos el templo y nos dirigimos al famoso barrio de Gion, en él podemos encontrarnos con el Kyoto más tradicional, podemos comer en restaurante centenario o presenciar algún espectáculo tanto músical (Koto), como de baile (Gagaku y Kyomai) o artístico (Kyogen y Bunraku), aunque por lo que es más conocido Gion es por los locales de Geishas. Se pueden ver por la calle a algunas que van a su trabajo totalmente vestidas y maquilladas para la ocasión.
Hoy en día en los alrededores del barrio se concentra toda la actividad de prostitución de Kyoto, no es tan diferente de occidente. Están las personas que te ofrecen una invitación a su local prometiéndote de todo, y también hay chicas en la calle y no vestidas con trajes tradicionales precisamente. En el barrio hay una gran actividad y como todo barrio chino existe mucha vida nocturna aunque son las diez de la noche de un miércoles.
Decidimos parar a comer unos pinchos de teriyaki y bebernos unas merecidas cervezas después del esfuerzo. Volvemos para casa, hoy ha sido un día agotador.
Himeji, jueves 17 de octubre
Son las 8 de la mañana, salimos hacia la ciudad de Himeji, pasando por Kobe. El tráfico es tan intenso que decidimos desviarnos por la autopista de pago, pero a pesar de pagar unos precios abusivos, también sufrimos las consecuencias de un tráfico intenso. Las caravanas son igual de aburridas en cualquier lugar del mundo, nosotros por lo menos nos entretenemos con las vistas. El día es soleado (excesivamente soleado). Kobe es una ciudad inmensa. Las fábricas copan todo el litoral y los barrios quedan más atrás. Se nota que es una ciudad industrial, la mayoría del tráfico son camiones, y el puerto es básicamente industrial. Dejamos atrás Kobe y llegamos a Himeji.

Castillo Himeji
Venir a Himeji significa visitar su famoso Himeji-jo (el castillo de la Garza Blanca). Fué construido a mediados del siglo XIV, reconstruido en 1577 y restaurado en 1609 y 1964. Su característica más notable son las fortificaciones surgidas durante el turbulento período Azuchi-Momyama. Fué construido en una colina llamada Hime-yama y está rodeado por una llanura. En este recinto se tomaban decisiones políticas y administrativas. El alto muro de piedra sobre el que descansa el edificio era necesario para proteger a sus habitantes de los ataques con armas de fuego, que habían sido introducidas desde Europa.

Samurais en el castillo Himeji
Comenzamos el recorrido introduciéndonos por los pasillos donde descansaba la guarnición que defendía el castillo; esta galería estaba preparada para defenderse de los atacantes. Podemos contemplar las pequeñas aberturas que había con el tamaño justo para que el cañón del arma de fuego saliera y disparase a los enemigos.
Llegamos al tenshukaku o torre principal del castillo y en la primera planta nos encontramos con lo que era la cocina y los servicios, también podemos contemplar los lugares donde la guarnición dejaba sus armas. Seguimos subiendo y nos vamos encontrando expuestas en vitrinas, diferentes armas, armaduras, mapas, escritos y joyas de los monarcas que ocuparon el castillo. También nos fijamos en la columna central de madera, es de un solo árbol, y en fotografías que se exponen a la salida vemos cómo se taló y cómo se colocó en el año 1964. En una sala nos llama la atención una habitación en la que se exponde un maniquí que representa un samurái, según nos cuenta Atsuki, este samurái tenia que permanecer 3 años seguidos en la habitación, dedicado al estudio, antes de incorporarse al servicio del emperador.

Vistas de la ciudad de Himeji
Llegamos también a la última planta. Es entonces cuando nos damos cuenta de la importancia estratégica de este castillo, desde aquí podemos observar toda la ciudad de Himeji y mas allá. Hoy en día ha dejado de ser un lugar de vigilancia y es un hermoso mirador de la ciudad.
Bajamos por sus peligrosamente inclinadas escaleras, y salimos al patio exterior donde podemos contemplar la grandeza de la torre principal sustentada por un perfecto e inmenso muro de piedra, recorremos los caminos que nos llevan a la salida, nos encontramos con el lugar donde se dice que los samuráis con deshonor se hacían el Harakiri.

Jardínes del castillo de Himeji
Dejamos tan espeluznante lugar y vamos a visitas los hermosos jardínes que rodean el castillo. Digo jardínes porque son pequeños recintos cerrados en los cuales hay un jardín a cada cual más hermoso. Cascadas y lagos artificiales, árboles milimétricamente podados, carpas multicolores, y pequeñas construcciones para el descanso son los elementos que se combinan en estos jardínes; pero en todos ellos hay un denominador común, el silencio. En uno de los parques hay un mural, que nos muestra que flor está relacionada con cada día del año.
Tardamos un buen rato en recorrer todos los jardínes y se nos hace tarde, nos vamos hacia el puerto de Kobe, llegamos al anochecer (las 6 de la tarde) y la verdad es la mejor hora para ver este lugar.

Bahía de Kobe
Se dice que la bahía de Kobe es una de las más bonitas de Asia, aparte de su torre, del hotel oriental, hemos de añadir una gigantesca noria situada en la orilla. En este espectacular paisaje destacan los pescadores, que indiferentes ante tanta luz y modernidad, practican la pesca como seguramente la practicaban sus ancestros; no hay muchos ya que no es buena hora para pescar, aunque generalmente la pesca se da muy bien por estas aguas.
Comprobamos que el transporte marítimo es muy utilizado por los ciudadanos de Kobe, ya que les permite ir a las islas cercanas en vez de pagar un peaje por los puentes que las comunican.

Kobe de noche
Desde la bahía podemos contemplar unas gigantescas inscripciones luminosas que coronan las montañas que rodean Kobe. Visitamos en la parte alta de la ciudad, el barrio de los embajadores. Actualmente no reside nadie en ninguna embajada en Kobe pero a principios de siglo se instalaron en este barrio. La herencia de todas aquellas embajadas son sus edificios, cada uno de un estilo occidental diferente, la verdad es que nos recuerda más al barrio de la Bonanova de Barcelona que al de una ciudad japonesa. En la actualidad las casas son utilizadas como viviendas privadas, galerías de arte, restaurantes de cocina internacional (uno de cocina española), o de tiendas de r0pa (vemos una tienda de vestidos flamencos); es de noche y por el barrio no se ve ni un alma, continuamos nuestro viaje hacia los miradores de las montañas.
La ascensión es larga (en coche claro) pero vale la pena. A pesar del evidente frío, nos quedamos maravillados por la visión de Kobe y su zona portuaria. Podemos ver como se mezclan Kobe y Takatsuki e incluso llegamos a ver Osaka; todo el litoral es una gigantesca manta de puntos de luz, no podemos ver el final, sólo la línea costera delimita el final.
El frío nos vence y volvemos para casa, Fujiko, la madre de Atsuki, nos tiene preparada la cena, planeamos el día de mañana y a dormir.
Osaka, viernes 18 de octubre
Son las 8:30 de la mañana, hoy decidimos ir al Ninoh park, situado al norte de Osaka. El día es esplendido y mejor que sea así ya que nos espera un día de excursión por la montaña.

Monos en Ninoh Park
Después de dejar atrás un denso tráfico, empezamos a subir por la carretera de la montaña y Atsuki nos cuenta que hace muchos años que no viene por aquí, pero que recuerda haber visto muchísimos monos, y nada más decirlo se nos cruzan por la carretera unos cuantos, van caminando tranquilamente, parecen que están acostumbrados a la gente. Decidimos no parar ya que no es muy seguro y continuamos la ascensión hacia la cima.
Primero visitamos el Templo Katsuo-ji; esta montaña ha sido adorada como lugar sagrado durante miles de años, se dice que posee un incomparable poder espiritual. La fundación del Templo tuvo lugar en el año 727, cuando Zenchu y Zensan, dos sacerdotes sagrados, quienes además eran hermanos gemelos, construyeron una choza en la montaña donde realizaban sus prácticas religiosas. El templo está dedicado a la diosa Kannon (La diosa de la Misericordia).
Cuando llegamos a la entrada nos parece más un lujoso balneario que un templo de meditación. Por lo visto hay cerca un hotel nuevo dedicado al descanso y la relajación, pero eso no nos interesa y entramos al recinto del templo. Unas hermosas fuentes de agua caliente nos reciben y nos adentran en un hermoso paseo que da al primer edificio del templo, una hermosa pagoda.

Daruma
Pero el templo tiene muchas más sorpresas, en todo el recinto nos encontramos con miles de figuritas de color rojo, según la leyenda estas figuritas llamadas Daruma sirven para tener suerte en la vida ya sea para un examen, como para una cuestión de salud. La cantidad de Darumas que están repartidos en todos los rincones del templo nos demuestran que este rito no es pura superstición si no la base de una creencia muy enraizada en la cultura japonesa, y va mas allá de los aspectos estrictamente religiosos.
Seguimos la visita, el templo está en unas condiciones perfectas, y el paisaje que lo rodea es simplemente increíble, desde la campana (que no podemos evitar tocar) podemos contemplar un gran cementerio.
Entramos en el lugar sagrado de Honen Join, según la leyenda este monje fundador de la secta Budista Jodo (tierra pura), llevaba 4 años de meditación. Una noche un sacerdote chino sagrado lo visitó en un sueño y lo instruyó en lo que sería la futura secta Budista Jodo. La sombra de estos dos grandes maestros quedó grabada en la pared por una inmensa luz. Estas sombras se pueden ver sólo por los creyentes una vez al año y se le rinde culto en la sala Nikaido, nuestra suerte no podría ser mejor, el templo se abre cada 18 de cada mes, ese mismo día un grupo de ancianas que han viajado al templo para entrar en esta sala, convencen al monje para que nos deje ver la sala y su parte de atrás donde vemos unas urnas de difuntos que se guardan durante un tiempo hasta que son enterradas.

Cascada Minoh park
Dejamos el templo y descendemos hacia Ninoh Park, dispuestos a ver monos. Después de bajar una considerable distancia por unas escaleras (y pensando que luego tenemos que volver a subir) llegamos a una cascada simplemente espectacular, tanta belleza sólo es interrumpida por una marabunta de escolares todos con su gorra y su mochila dispuestos a pasar un dia de excursión. Nosotros seguimos río abajo en busca de monos, pero vemos arañas inmensas, pájaros, peces, y demás bichos pero ni rastro de monos, continuamos andando por los lugares más solitarios buscando aunque sólo sea uno, miramos por las copas de los arboles entre los arbustos, pero ni rastro de ellos, ¿será que hoy hacen fiesta?. Después de una hora y media, nos rendimos y volvemos fatigados al coche, es la primera cosa que no sale como esperábamos, cogemos el coche y bajamos hacia Osaka, pero de repente unos monos nos cortan el paso, no son uno ni dos, sino por lo menos una docena que toman el sol en la carretera.
Si no te acercas demasiado a estos monos los puedes contemplar con tranquilidad, pero al intentar acercarnos a una mona con su cría, un macho nos indico con unos poderosos dientes y una cara de pocos amigos que nos alejásemos, seguimos carretera abajo y vimos bastantes más en el arcén.
Volvemos a Osaka, más concretamente al barrio de Tennoji en el sur de Osaka. Tenemos que devolver el coche que durante estos 7 días nos ha servido de medio de transporte. Atsuki está un poco nervioso ya que le hicimos un pequeño rasguño en los bajos y espera que no lo vea el gerente de la empresa de alquiler. Pero por suerte no sólo no lo ve, sino que nos hace la foto con el coche.

Templo budista de Shi-tennoji
Visitamos el templo Budista de Shi-tennoji. Debe su nombre a los Cuatro Reyes Celestiales, estos son deidades que protegen el Paraíso. Se dice que el príncipe Shotoku fundó el templo en el año 593, en agradecimiento a estas deidades celestiales por la ayuda dispensada con los enemigos de los budistas. Un año más tarde, un decreto imperial auspiciaría la religión budista en todo Japón. Hay un pórtico, el pórtico occidental de Gokurakumon, cuyo significado literal es Puerta al Paraíso. Detrás de la pagoda de cinco pisos se encuentra la capilla (kondo) que alberga el altar que simboliza el monte Shumisen, centro del universo budista. Destruido por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, el actual templo de Shitennnoji se levanta sobre los cimientos del original, que había sido construido en madera.
El lugar es un remanso de paz en medio del ajetreo urbano del barrio de Tennoji (más que un barrio es una pequeña ciudad dentro de Osaka), el problema es que son casi las cinco y la visita tiene que ser muy rápida.

Trenes bala
Nos vamos a buscar el Japan Rail que a partir de mañana y durante 7 días será nuestro medio de transporte por Japón, después de realizar numerosas comprobaciones y de rellenar multitud de formularios el amable funcionario de la Japan Rail (J.R.) nos da nuestros pases, con estos podremos coger todos los trenes de la compañía, incluidos cercanías, metro urbano y trenes balas (menos los dos más veloces).
Como tenemos tiempo muerto nos vamos a callejear un poco, es de noche y subimos al piso 31 de unos grandes almacenes para poder tener una vista nocturna de la ciudad.
Buscamos una taberna donde poder sentarnos y tomar una cerveza, después de buscar por las galerías cercanas a la estación de Sin Osaka, encontramos una taberna típicamente japonesa, esta llenísima de gente, hay tanto hombres de traje y corbata como trabajadores de la construcción, todo el mundo bebe y come, tenemos suerte de encontrar mesa, un simpático y curioso camarero nos sirve y nos anima a pedir alguna cosa para comer, la gente no puede evitar mirarnos, ya que no es muy habitual que entren occidentales en estas tabernas.
Volvemos a nuestra ciudad (Takatsuki), y al ver nuestra taberna abierta no podemos evitarlo y entramos a tomar la última.
Cuando volvemos a casa Xavi se mete en la cocina para preparar una paella, es curioso por que la otra vez que estuvo, también tuvo que cocinar una paella, solo que utilizó arroz japonés que es muy diferente al nuestro y no sirve para una paella. Esta vez se curó en salud y trajo arroz de España (trae arroz al país del arroz por excelencia, vaya contradicción), elaboró la pella como mejor puedo y tiene un gran éxito y todos nos chupamos los dedos.
Un buen final para otro fabuloso día, mañana nos espera más, llevamos una semana en Japón, y aún nos queda otra semana, los futuros viajes que realicemos por el país prometen mucho, como diría Atsuki ¡vaya país!.
Osaka, Sábado 19 de Octubre
Hoy no nos pegamos un madrugón y a las nueve de la mañana salimos en dirección al centro de Osaka. El día está un poco nublado, y nos armamos de paraguas y chubasqueros. Hoy es uno de esos días en los que no hay nada programado y salimos un poco a improvisar sobre la marcha; sólo tenemos en perspectiva ir al acuario de Osaka.
Xavi propone ir al mercado de Ichiba en el barrio de Kuromon pues siempre que visita una ciudad le gusta ver los mercados populares, en ellos se pueden aprender muchas cosas de la vida diaria de una ciudad, tanto su gastronomía como los hábitos de compra.

Pescadería en Japón
Llegamos al mercado, éste está compuesto por larguísimas galerías en las que se reparten las diferentes paradas; a primera vista sería como cualquier mercado occidental, pero si te acercas un poco y empiezas a ver los productos que están a la venta, te das cuenta que estás en otra cultura alimenticia, las paradas de carne venden principalmente cerdo y aves pero también destaca la ternera (si es de Kobe es carísima), en las de verduras el rey es el nabo chino, aunque podemos ver productos occidentales mezclados con productos orientales de los cuales alguno no sabemos su origen o ni siquiera qué son. Pero son las pescaderías lo más llamativo y abundante en este mercado (y creo que en cualquier mercado japonés). El atún es el pescado más abundante, expuesto entero o cortado en perfectos filetes, también podemos ver como los pescadores sacan la carne de la cabeza con una destreza increíble, también podemos ver la venta de peces globo tanto vivos en peceras como recién pescados. El pescado y el marisco es fresquísimo, solo al ver sus ojos y el brillo de su piel te das cuenta que aquí la calidad es muy importante y también el precio.
Pero estamos en otoño y como en cualquier lugar del mundo donde aprecien las setas ésta es la mejor época para su venta, y en Japón no sólo les gusta sino que la idolatran como nosotros adoramos la trufa. Hay que ver lo precios, se venden en pequeñas cajas de madera, algunas especies son de criadero pero otras son silvestres y por lo tanto muy escasas pero más aromáticas y gustosas. Las setas se comen en Japón básicamente en sopas para dar ese aroma tan característico, pero también las podemos encontrar a la plancha, en tortilla, arroz o en tempura, total un bellísimo paisaje para los enamorados de las setas.
Pero en este mercado también vemos otro tipo de tiendas como las de dulces de arroz, flores, etc.
Salimos del mercado y nos damos una vuelta (casi dos horas) por el barrio de tiendas de electrónica, podemos ver lo último en electrodomésticos, las tiendas son de lo más llamativas, todas anuncian los mejores precios y los productos más novedosos.
También entramos en una tienda de todo a cien (yenes). Hace unos años nadie hubiera pensado en una tienda de este tipo pero la recensión económica ha animado a los comerciantes a abrir estas tiendas, productos baratos y de uso cotidiano en los hogares, y es curioso por que todo vale 100 yenes, ni 120 ni 200.
Empezamos a tener hambre y nada mejor que un buen Lamen calentito, lo tomamos en una barra típica de lamen, en estos sitios la gente come rápido y se va a seguir con su trabajo, la camarera nos pregunta de dónde somos y dice que no suelen venir muchos occidentales a comer a su restaurante a pesar de ser un barrio muy transitado por los turistas ávidos de comprar lo ultimo en electrónica a buen precio.

Entrada al acuario de Osaka
Tomamos el metro que nos lleva a Kaiyukan, donde está el puerto de Osaka. Es la parte más lúdica y comercial del puerto y está presidida por una inmensa noria (ya empiezan a ser habituales en el paisaje de cualquier ciudad japonesa) y por su inmenso acuario. Este acuario con sus 11.000 toneladas de agua en sus peceras es uno de los más importantes del mundo. Además es un acuario temático sobre las especies que viven en el anillo de fuego del Pacífico y podemos ver especies del mar de Tasmania, golfo de Panamá, la bahía de Monterrey, la Antártida, el mar de Japón y del océano Pacifico en general.
El acuario está formado por una pecera central de unas 4.500 toneladas de agua y en ella podemos encontrar varias especies diferentes, aunque el rey es el impresionante tiburón ballena, se mueve tranquilamente a la vista de los visitantes que quedan sorprendidos del tamaño del tiburón cuando este se acerca. Conviven con él rayas, rapes, mantas, morenas y un sinfín de especies que desconozco su nombre. Rodeando la pecera central se encuentras otras más pequeñas, cada una con una hábitat y especies diferentes, podemos ver desde los simpáticos pingüinos a las juguetonas nutrias o las ágiles focas marinas, tortugas, langostas, etc.
El acuario tiene un restaurante desde el cual tienes una inmejorable vista de la pecera central, supongo que se comerá pescado.
También hay una pequeña exposición de medusas, están expuestas en peceras con fondos de color para que destaquen más, algunas son diminutas y hay otras más grandes. Viéndolas así son muy hermosas, pero cada año en la playa tienes que tener cuidado de no encontrarte con una y te deje un escozor en la piel.

Acuario de Osaka
Pero lo más increíble de este acuario es la exposición de cangrejos gigantes, yo pensaba que serían como un buey de mar pero al verlos me quedo boquiabierta, parecen sacados de la novela de Julio Verne, son verdaderamente gigantes. Hay por lo menos una docena y todos ellos se mueven lentamente debido a su peso, aparentemente no se pelean y se respetan los unos a los otros.
Sólo por los cangrejos ya merecía la pena venir, y si además le añadimos las demás especies, hace de esta visita y de este acuario alguno único.

Barra de sushi
Afuera nos espera la noche y una copiosa lluvia, nos refugiamos en una barra de sushi, una de las visitas obligadas, ver como pasan los platos de diferentes colores (dependiendo del precio), con sus diferentes tipos de pescado es un espectáculo, y pensar que hace un momento hemos estado admirando la belleza de estos animales!. Sé que es una contradicción pero me gustan de las dos maneras, en vivo o crudo en el plato, a esto sí que se le puede llamar un buen fast food. Nos damos el capricho y volvemos hacia Shin Osaka, nos metemos en una pequeña cervecería, y ésta sí que es pequeña, solo caben unas 10 personas en la barra. Volvemos hacia Takasutki, aún estamos hablando de los cangrejos y los tiburones.
Terminamos el día con Xavi de nuevo en la cocina para preparar una tortilla de patatas, es algo dulce debido al tipo de tubérculo pero no está nada mal, además la acompaña con un buen pan con tomate.
Mañana salimos en tren hacia Hiroshima.
Hiroshima, Domingo 20 de Octubre
A pesar de que hoy es domingo, también madrugamos. Salimos de casa de Atsuki embalados y nunca mejor dicho por que nos espera el tren bala Hikari o lo que es lo mismo, el tren de la luz. Gracias al Japan Rail, hoy utilizamos el medio de transporte más conocido de Japón, su tren de alta velocidad. La puntualidad y comodidad de estos trenes son conocidas mundialmente y no nos defraudan, cumplen con todas la expectativas. Salimos a las once de la mañana de Shin Osaka para ir en dirección a Hiroshima, vamos bordeando el litoral pasamos por Kobe aunque no sabemos cuando empieza ésta y cuando termina Osaka. Durante más de la mitad del trayecto el paisaje es exclusivamente urbano e industrial, pero poco a poco vamos distinguiendo algún pequeño campo de arroz, o huertos. Al final dejamos la ciudad y empezamos a ver más zonas agrícolas, más verde, menos coches y casas más diseminadas.

Hiroshima peace memorial
Llegamos a Hiroshima a la una y media, nuestra visita es como no, al Museo de la Paz. Este museo está dedicado al holocausto que sufrió Hiroshima durante la segunda Guerra Mundial. Es de todos conocidos pero estas cosas por conocerlas demasiado bien se terminan olvidando como las lecciones de historia que aprendemos de pequeños en el colegio. Es bueno recodar que el 6 de Agosto de 1945 EE.UU lanzó sobre la población civil de Hiroshima la primera bomba atómica de la historia, matando a toda persona en un radio de 1 kilometro del epicentro. Aparte de las terribles secuelas que sufrieron los supervivientes, ese día la humanidad llegó al más alto grado de inhumanidad. Este museo es un monumento no sólo a las victimas de la bomba si no un museo a favor del desarme y la paz mundial. Nadie mejor que la población de Hiroshima para recordar lo que nunca tiene que volver a pasar.

Hiroshima. Antiguo Ayuntamiento
En el exterior del museo se encuentra el único edificio que se conservó en pie y lo han dejado tal cual quedó como recuerdo del 6 de Agosto. Entonces era un edificio del Ayuntamiento y su estructura de vigas de hierro hizo que quedase en pie.
El museo esta rodeado por un hermoso parque, presidido por una llama eterna en recuerdo a las víctimas y donde se realizada cada 6 de Agosto el aniversario de este día fatídico, utilizándolo para recordar a las potencias mundiales que tienen que eliminar de su arsenal toda arma nuclear.
Cuando entramos al museo vemos dos maquetas de la ciudad de Hiroshima una del 6 de Agosto de 1945 y otra del día anterior. La maqueta está minuciosamente elaborada y ver cómo lo que era una próspera ciudad marítima quedó reducida a cenizas es algo que te pone los pelos de punta. Pero aún quedaban más muestras del horror, desde fotografías de heridos y muertos, hasta filmaciones antiguas de los hospitales de campaña. El museo se hace más personal al relatar la vida de personas con nombres y apellidos que sufrieron en sus carnes las secuelas de la radiactividad, jóvenes que debido a las enfermedades degenerativas no llegaron a la adolescencia, familias destrozadas. El museo nos muestra también objetos de la vida cotidiana de aquella época y objetos personales que se conservan después de la bomba. Alguna sala es bastante llamativa con figuras de cera representando a los heridos de ese día, es horroroso, pero es la cruda realidad. Al final de la visita hay numerosos cuadernos donde la gente puede escribir sus opiniones, algunas son en castellano y comprobamos que también el museo les ha hecho el mismo efecto que a nosotros.
El problema es que a pesar de las numerosas protestas de los habitantes de Hiroshima y del mundo en general, las grandes potencias siguen teniendo armas nucleares, tal vez menos que durante la guerra fría, pero con una ínfima parte de las que tienen hoy ya serviría para borrar de la faz de la tierra a la raza humana. Es una pena que no se haga más caso de la memoria histórica y del recuerdo de las personas que sufrieron en sus carnes el horror. El día no podía acompañarnos mejor para una visita de estas características, está nublado y empieza a llover. También hay que recordar que a pesar de todo Japón posee 50 centrales nucleares.

Torii de Miyajima con marea alta
Volvemos a la estación central en un moderno tranvía. Vamos a ver la isla de Miyajima (isla del santuario), un lugar que está situado al sudoeste de la bahía de Hiroshima. Para llegar tenemos que tomar un barco que nos llevará a la otra orillatambién de la Japan Rail). Hace mal tiempo y amenaza con volver a llover, desde el barco podemos ver el famoso torii, es un torii bastante grande y muy antiguo pero lo que lo hace diferente a los demás es que cuando la marea es alta parece como si saliera del agua y cuando es baja puedes llegar andando a sus pies.
El santuario de Itsukushima está consagrado a Ichikishima Hime-no-Makaoto, Tagori Hime-no-Makoto y Tagitsu Himne-no-Makoto, tres diosas del mar, protectoras de los marinos y sus naves. El templo fué construido en el año 593. Cuando la marea sube parte del templo queda dentro del agua y parece más un pequeño muelle que un templo.

Torii de Miyajima con marea baja
Cuando desembarcamos nos recibe un pequeño ciervo, en esta isla como en Nara también corretean libres estos animales. La marea no ha empezado a subir y podemos acercarnos al torii. Está construido con una madera muy resistente, ya que el agua y sal lo deterioran, pero el torii sigue impertérrito a las mareas y al temporal. En la playa hay algunas mujeres que, como los mariscadores de Galicia, buscan los berberechos y almejas que se pueden coger con la marea baja.

Santuario de Itsukushima
En lo alto de la montaña también hay una pagoda que sobresale del bosque y un pequeño santuario para el rezo, pero está oscureciendo y decidimos quedarnos a esperar que suba la marea e iluminen el torii. Tenemos la compañía de un ciervo que no tienen ningún miedo al acercarse a nosotros. Anochece, la gente se empieza a ir y nos quedamos sólos, de repente nos damos cuenta de que la marea ha subido, y el espectáculo que se nos presenta delante es increíble, un torii de color naranja, estático en el agua, iluminado desde la orilla por unos potentes focos, y las luces de la bahía de Hiroshima en el fondo. Nos damos cuenta que ha valido la pena la espera, el frío y la lluvia. El torii es como un pequeño faro en el mar, después de haber visto el museo de la paz y ver de la crueldad del ser humano, contrasta con este maravilloso paisaje mitad obra del hombre y mitad de la naturaleza. Es un día lleno de contradicciones.
Corremos para que no se nos escape el último barco. Ya en la otra orilla y como aún tenemos algo de tiempo, nos dedicamos a buscar una taberna para tomar una cerveza, algo complicado cuando no quieres comer nada. Por fin encontramos un pequeño bar en las galerías comerciales cercanas a la estación central de Hiroshima. De este bar siempre me acordaré: en la barra había un hombre mayor con unas copas de más y al otro lado una pareja que también le acompañaban en estado ebrio. Se nos quedaron mirando con curiosidad y creo que fue un poco el alcohol lo que les hizo perder un poco el pudor de preguntarnos de donde éramos, al decir que éramos españoles, empezaron a hacer gestos de toreo y sevillanas, la cosa se empezó a animar, el que iba mas alegre de todos nos invitó a una cerveza y empezó a preguntarnos sobre España, a mi me dijeron que sí que parecía latina, en cuanto a Xavi no acertaron si era canadiense o australiano. No se creían que fuese España (poco sol había tomado ese verano). La cosa se animó, la mujer que decía que era Geisha y que iba con el kimono puesto y unas copas de más, nos mostró las virtudes del baile japonés versus la Sevillanas, casi se nos cae. Nos pagaron otra ronda y nos hicimos la foto de rigor. No podíamos aguantar la risa y suerte que teníamos que coger el tren y nos excusamos por nuestra repentina despedida pero cuando salimos del bar nos estabamos literalmente meandome de risa (tuve que ir al lavabo). Esto sí que era ponerle el broche final a la visita de Hiroshima, este tipo de cosas no le pasa a un turista normal, pero nosotros no éramos unos turistas muy normales, y eso hace de este viaje algo muy pero que muy especial.
Llegamos con la rapidez del rayo a Osaka, estabamos tan cansados que no nos enteramos de las dos horas y media del trayecto. Estábamos cansados de andar y de reírnos. Hoy utilizaré la bañera de casa de Atsuki y a lo mejor me animo y me doy una sesión de sofá/masaje. Mañana nos espera Tottori.
Tottori, Lunes 21 de Octubre.
No hace el tiempo idóneo para visitar el llamado desierto de Japón, está lloviendo y hace un frío que pela, pero los billetes están pedidos y no podemos cambiar el programa ya que es bastante apretado. Salimos en tren bala, no es tan rápido como el del día anterior, pero no está nada mal. El trayecto es totalmente diferente ya que Tottori está situado en la costa del mar de Japón; pasamos por Kobe, Himeji, Sayo y finalmente Tottori.
El paisaje también es diferente al de ayer, la zona es montañosa y tenemos que pasar infinidad de túneles; las ciudades no son tan grandes, las casas están más diseminadas y se ven muchísimos campos de cultivo y poca industria. El tiempo parece que mejora pero al rato vuelve a empeorar, no se puede tener todos los días buen tiempo. El trayecto es tranquilo sólo interrumpido por el revisor que cada vez que entraba y salía del vagón se quitaba la gorra y saludaba con una pequeño inclinación a los pasajeros, y tuvo que entrar varias veces. Era un poco entre absurdo y cómico, pero es su carácter.

Dunas del desierto de Tottori
Bueno, llegamos a Tottori y nos recibe una ciudad con un tiempo lluvioso y en lunes a media día, todo el mundo estaba comiendo y poca gente se veía por la calle y eso que era la estación central. Según las guías, la atracción turística era el desierto. Yo tenía curiosidad por ver tal desierto ya que durante todo el trayecto el paisaje me recordaba más a Asturias que Almería, pero bueno nos gustan las sorpresas.
Para llegar a la costa tomamos un simpático tranvía turístico que nos hizo una rápida visita panorámica por la ciudad, poca cosa que ver.

Desierto de Tottori
Llegamos a la playa que es el desierto de Tottori, es llamado así porque esta playa la componen una serie de gigantescas dunas, que en verdad si fuese un día soleado y con un poco mas de calor parecería Marruecos. Para llegar a las dunas cogemos un telesilla como los que hay en las pistas de esquí, el paisaje es verdaderamente increíble, delante nuestro se levanta una inmensa duna, a la que tienes que subir si quieres ver el mar ya que está en medio. La cuesta no es poca cosa pero llegamos a la cima y he de decir que el esfuerzo vale la pena, delante nuestro se nos presentaba el bravo mar del Japón, un cielo tupido de inmensas nubes y una visible tormenta al horizonte, pero encima de nuestras cabezas estaban tres majestuosas águilas planeando con la fuerza del viento que no era flojo en aquel lugar. Tottori sólo tiene esta atracción pero ya veo porqué Atsuki hizo tanto hincapié en venir. Por cierto Atsuki bajó otra vez por la inmensa duna y escribió en la arena con letras grandes “Bienvenidos Javi y Raquel”, en alfabeto, y los pocos turistas que estaban por allí se paraban intentando descifrar lo que ponía. Nos armamos de valor y bajamos hacia el mar a toda velocidad. Era algo que particularmente siempre había querido hacer. No lo pudimos evitar y metimos los pies en el agua, que por cierto estaba calentita, además hay que decir que el mar del Japón es un mar amable, ya que devolvió la cartera de Atsuki. Él se pensaba que había encontrado una cartera ajena pero se dió cuenta de que era la suya. Fué una suerte por que nos hubiese aguado (y nunca mejor dicho) el viaje. En ese preciso momento salió el sol, fué un momento mágico, durante todo el día había estado nublado pero justo en ese momento cuando más lo necesitábamos, vino en nuestra ayuda y nos iluminó este ratito de playa; decididamente este viaje tenía muy buena estrella.

Tranvía de Tottori
Para volver no pudimos coger el telesilla ya que nos cerró sus puertas mientras disfrutábamos del paisaje con unas cervezas y tuvimos que volver andando (tampoco era muy largo el trayecto). Al pasar por el parking vimos una figura de arena de proporciones considerables, casi dos metros de altura, representaba una pirámide, un camello y un árabe, estaba ya terminada. Parecía increíble que con una cosa tan voluble como la arena se puedan llegar a realizar tales esculturas.
El resto de la tarde fue un poco aburrida, la pasamos por el solitario centro comercial de Tottori haciendo tiempo hasta que cogiéramos el tren hacia Osaka. Lo matamos viendo tiendas de todo tipo.
Cuando llegamos a Shin Osaka no pudimos evitar pasar por nuestro bar preferido en Osaka y tomarnos la última. Xavi se arriesgó y le pidió a Atsuki que le recomendara alguna tapa rara que no hubiese probado. Eligió una pasta de sabor muy salado y color verdoso fuerte, eran tripas de cangrejo en salazón, algo muy curioso que le recordaba al sabor de la mojama.
Volvimos a casa y Fujiko nos tenía preparado un suculento Oden, es un cocido que lleva pescado, pollo, patatas, nabo, huevo duro y algas, que nos sentó a gloria, bien calentito para ir a dormir.
KYOTO, Martes 22 de Octubre
Hoy es día de fiesta en Kyoto, se celebra un gran desfile el Jidai Matsuri (o “Festival de las épocas”). Para la ocasión nos acompaña Fujiko que también quiere disfrutar con nosotros del espectáculo. Aunque pudiera parecer un día festivo en los alrededores del Palacio Imperial, el resto de la ciudad sigue su actividad normal, no hacen fiesta ni para ver el desfile. Por el parque del Palacio se ven muchos extranjeros, jubilados y colegiales que han terminado sus clases. Llegamos muy temprano y nos damos una vuelta viendo los preparativos del desfile, en el que participarán unas 3.000 personas, todas ellas vestidas con trajes de época. Hay mucho ambiente y la gente está muy nerviosa, aún así hay algún figurante que se pega una cabezadita antes de empezar a desfilar y es que el desfile dura unas cuantas horas. Los figurantes son muy amables y dejan hacerse fotos con todo el que lo desee, que no son pocos.

Festival Jidai Matsuri
Tomamos buenas posiciones dentro del Parque Imperial cerca de la puerta de salida a la calle, empieza el espectáculo encabezado por el alcalde de la ciudad y algunas personalidades, Atsuki nos va explicando uno por uno lo que significa cada figurante.
El origen del desfile es representar las diferentes épocas de la ciudad de Kyoto como capital (794 a 1868). El orden de la procesión va hacia atrás, empieza representando la restauración de Meiji en 1868 y acaba con la proclamación de Kyoto como capital de Japón en 794. Hay que decir que este cambio de Nara a Kyoto como capital fué producido por la escalada de poder que estaba consiguiendo la religión Budista. El Emperador viendo amenazado su trono ordenó este cambio estratégico de capital.

Festival Jidai Matsuri
El desfile dura unas dos horas y parece una procesión de Semana Santa en algunos momentos, con sus largas paradas correspondientes. Se hace muy ameno, las ropas, carros, caballos están perfectos, es como si fuese una película, están representados tanto los Emperadores, los Shoguns, los samuráis con sus ejércitos, los monjes, las emperatrices y cortesanas, e incluso la amante del Shogun. Al final de la procesión pasan dos carrozas las Zen-Retsu y la Shinko-Retsu.
El desfile ha terminado aunque su recorrido es tan largo que aún nos cruzamos con él cuando nos vamos a comer. Fujiko nos invita en un pequeño restaurante dentro de las galerías comerciales de Kyoto.
Después de comer entramos en un pequeño Honnoji Temple dedicado al Shogun Oda Nobunaga (1534-1582) que murió en ese mismo lugar, por lo visto fué traicionado. Él fue quien empezó la reunificación del Japón que actualmente conocemos.

Armaduras
Al lado del templo hay un museo dedicado a este período de la historia y más concretamente a Oda Nobunaga. Vimos desde armaduras auténticas, sellos, manuscritos, pinturas originales de la época y utensilios de uso cotidiano utilizados en la corte de aquella época. La exposición por lo visto es muy importante ya que está rigurosamente vigilada y no permiten hacer fotos.
A la salida Fujiko se despide de nosotros, y continuamos callejeando un poco por Kyoto. Es muy curioso pasear por estas galerías cubiertas y atestadas de llamativos comercios, casi todos de ropa joven, y música. Ante tanto ruido y luces de pronto nos topamos entre tienda y tienda con un pequeño templo, es como si fuese una tienda más pero no es así, cuando entras el sonido y todo el ajetreo de afuera queda reducido a un murmullo. Es otra muestra más de esta cultura que se ha lanzado de lleno a la modernidad y el occidentalismo pero aún tiene un hilo de seda muy fuerte que lo une con su pasado tanto tradicional como religioso, cosa muy distinta de occidente donde renegamos o casi tenemos olvidadas las tradiciones (convertidas en compra y venta) y ya no digamos la religión.

Puente Arashiyama
Nos vamos a visitar el parque de Arashiyama, el parque situado entre Kyoto y Takatsuuki. Lo más característico es un larguísimo puente de madera que une las dos orillas. Cerca del parque hay un tempo y las fabulosas viviendas de los monjes. Por desgracia poco podemos ver ya que se nos hace de noche y el lugar está escasamente iluminado, además amenaza con llover, pero antes de irnos podemos ver que en las montañas que circundan el lugar se empiezan a ver más arboles con las hojas amarillas y rojas. El otoño cromático está llegando a su plenitud.
Volvemos a Takasuki, y Atsuki encuentra un bar donde antes iba a tomar alguna copa. Al entrar nos reciben con un grito de bienvenida, muy típico de estos locales. El lugar es pequeñísimo y está a rebosar de gente (es la hora de cerrar), tanto obreros como oficinistas de traje y corbata, todos vienen a lo mismo, a tomar unos sakes y picar algo de tofu u otra tapa para relajarse del estrés laboral. Y ya lo creo que se relajan, el sake caliente rebosando los vasos y la cerveza corren de lo lindo y la gente mantiene conversaciones muy animadas. Es un lugar de los más auténtico y como siempre preguntan de donde somos aunque a Xavi le siguen confundiendo de país, esta vez piensan que es americano.
Pero aún nos queda tomar la última y donde la podemos tomar mejor que en el primer bar donde nos invitaron. En el local la simpática cocinera ya nos conoce y se alegra de vernos (tan a menudo). No hay tanta gente como otros días. Un hombre con escasez de pelo que está tranquilamente tomando una cerveza nos pregunta de donde somos y nos sorprende cuando no suelta lo de los toros y las sevillanas, sino que nos cuenta que estuvo una vez en España y le gusto muchísimo, y le gustaría ir otra vez.
Ya en casa Fujiko me propone vestirme con un Kimono, la operación nos es nada sencilla, los lazos son muy complicados, pero el resultado no podría ser más satisfactorio, dicen que me sienta de maravilla el Kimono, parece como si lo hubiese llevado toda mi vida. Atsuki propone a Xavi ponerse un batín típico japonés, accede y ahí se desató la risa, intentábamos hacer una foto pero no era posible por que estábamos todos por los suelos muertos de risa. La cosa duró un buen rato, a mi me dolía la mandíbula y tuve que tranquilizarme, pero a Xavi no se le ocurre otra cosa que preguntarse cómo funciona la taza automática del W.C. Con tanto cachondeo no se me ocurre otra cosa que darle al botón de agua a presión pero en ese momento no había ningún culo que limpiar y la taza se convirtió en un geiser, suerte que pusimos la tapa para evitar mayores desastres, y otra vez a darle a la mandíbula, ya no podía más, esto era demasiado. Nos fuimos a dormir, pensando en el día de mañana ya que salíamos hacia Tokyo.
Tokyo, Miércoles 23 de Octubre
Salimos de casa a las 7 de la mañana, tenemos que coger el tren bala que nos llevará a Tokyo. Xavi vuelve otra vez a esta ciudad y en el viaje se va acordando de cosas y nos cuenta la primera vez que salió del metro y puso los pies en el barrio de Ueno. Una sensación que nunca olvidará y que ahora comparte con nosotros. Yo siempre he tenido mas predilección por el paisaje urbano que por el campestre, la razón es por que en la ciudad vive más gente y a mí lo que me interesa es la gente y su forma de vida, es verdad que la naturaleza es impresionante pero las ciudades son algo creado por el ser humano, el cómo sea esa ciudad te dice mucho del tipo de persona que la habita. Se dice que la cara es el espejo del alma y las ciudades son el espejo de la sociedad.

Barrio Akihabara
Bueno menos rollo, después de encontrar el hotel en el que hemos reservado la habitación por un precio muy barato (¿tal vez demasiado?), pedimos dejar las maletas para poder ir a callejear. Nos atiende una amable mujer de origen chino, dejamos las maletas sin ver la habitación, Atsuki no está muy seguro de la calidad del hotel. Según él los hoteles regentados por chinos no tienen muy buena fama, pero el precio puede más que las dudas, y salimos hacia Electric Town, el barrio por excelencia de la electrónica. Ante nosotros se presentan un sinfín de tiendas dedicadas mayoritariamente a la electrónica, grandes almacenes con llamativos carteles y estridentes músicas anunciando en japonés el mejor precio del mercado, lo último en tecnología se encuentra allí. Es muy curioso ver que hay muchos occidentales comprando todo tipo de artículos, los comerciantes saben hablar inglés y están acostumbrados a tratar con extranjeros.

Ayuntamiento de Tokio
Continuamos la visita y nos vamos a Shin-yuko, Tokyo tiene multitud de centros tanto comerciales como turísticos, pero Shin-yuko es el centro de Tokyo por excelencia. En él se concentran todos los grandes almacenes y los más importantes edificios de oficinas de las grandes compañías japonesas, y por encima de todo eso se yergue el Metropolitan, el ayuntamiento de Tokyo. En él se gestiona todo el aparato administrativo de la ciudad, 48 plantas y miles de funcionarios para controlar las vidas de unos 12 millones de personas que viven y trabajan en esta inmensa urbe. A mí personalmente me parece un lugar lúgubre en el que en su interior se pierde todo rastro de humanidad y todo se convierte en cifras y estadísticas, paradójicamente el lugar mas inhumano para controlar la vida de los ciudadanos.
Nosotros por nuestra parte aprovechamos sus dos miradores (norte y sur) que están situados en la planta 45 de cada torre. El acceso es gratuito, y se realiza en un vertiginoso ascensor que en 22 segundos te deja directamente en las alturas de la ciudad.

Vistas desde el Ayuntamiento de Tokio
Son las 4 de la tarde y el paisaje poco ha cambiado desde la última que lo vieron mis compañeros de viaje. Ante nosotros se despliega una inmensa ciudad, no se atisba el final de la ciudad, solo cemento y más cemento y alguna pequeña isla de algún agónico parque. Es una ciudad tan grande que a lo mejor sólo te cruzas con una persona un a vez en la vida o tal vez ninguna, y a lo mejor vive a dos manzanas de tu casa. La puesta de sol es inminente, el día llega a su fin pero a muchos ciudadanos aún les queda un buen rato de jornada laboral. Como el mirador cierra a las nueve y es gratuito decidimos volver más tarde para echar un vistazo a la ciudad de noche.
Salimos a la calle, está a tope, todos con prisas y sin pararse en ningún momento, el móvil los aísla del resto de la gente. De repente entre la multitud hay un monje rezando, es una imagen muy contradictoria, tal vez podría parecer que la gente no le hace caso y pasa de él, es verdad que en una sociedad de estas características el sentimiento religioso y la fé son temas muy poco practicados por no decir olvidados, pero hay muchísima gente que sigue por lo menos las tradiciones y respeta mucho todo tipo de ritos y de lugares sagrados, tal vez sea parte de su educación pero no creo que en el fondo la sociedad japonesa actual tenga la religión como una prioridad.
Como siempre por las calles se ve de todo, lo más moderno y lo más clásico, colegialas con el uniforme y maquilladas como una pop star y mujeres con kimono y la bolsa de Vogue, pero nos llama la atención la cantidad de gente sin techo que hay por todos lados, hace unos años solo se veía en las orillas del río pero ahora se ven por todas partes. Atsuki nos cuenta que ha habido una fuerte recesión económica y como siempre el que paga el pato es el trabajador (otro símbolo de occidente), estos sin techo no piden, no protestan, por supuesto no roban, su cara es la del fracaso y la vergüenza, Atsuki también explica que estas personas tenían familia, trabajo, casa y de un día para otro se encuentran sin nada, sin ningún tipo de ayuda institucional, con un pobre subsidio de desempleo, corto e insuficiente para una de las ciudades más caras del país más caro del mundo. Y a pesar de todo eso, lo único que sienten es que han fallado a su empresa que les prometía una vida segura a cambio de una lealtad total. Espero que las actuales y futuras generaciones de jóvenes se den cuenta del error de esta generación que con su esfuerzo levantó un país de la nada en 50 años, y lo puso a la cabeza de los países más ricos del mundo pero que tuvo que pagar un alto precio por ello.
Atsuki cuenta también que por suerte las cosas están cambiando, que la gente no confía tanto en las empresas y prueba varios trabajos, que no quieren trabajar sin cobrar, que hacen oír sus derechos, pero que aún falta muchísimo por cambiar, tal vez esta crisis les haya hecho reflexionar, dicen que para que se cree algo bueno tiene que nacer de algo malo, esperemos que ese dicho se cumpla.

Asakusa
Vamos hacia Asakusa, es de noche, pero nos ilumina a la entrada del mercado más popular de Tokyo un inmenso farolillo (o farolazo). Está franqueado por los dioses del agua y el viento. Pasada la puerta se nos presenta una larguísima calle iluminada con decenas de farolillos, está repleta de tiendas dedicadas a todo tipo de artículos de regalo, sobre todo suovenirs para los turistas. Hay de todo y a muy buen precio, es un mercado que sale en todas las guías de Tokyo y se nota por la afluencia de extranjeros. Delante nuestro se cruzan dos Geishas perfectamente vestidas y maquilladas para hacer su trabajo, son verdaderamente muy guapas pero sólo las vemos un instante ya que van a toda prisa.

Alpargata de Buda en Asakusa
Al final de la calle, hay un templo guardado por nuestros guardianes preferidos: An y Un. Es tarde y el templo está cerrado. Nos damos una vuelta por el recinto y antes de salir comprobamos que detrás de la puerta está la alpargata de Buda, de más de tres metros de altura (vaya pies). Salimos de allí por que hemos quedado con el primo de Atsuki y no queremos llegar tarde. Precisamente le esperamos en la estación de Tokyo ya que viene de Osaka por motivos de trabajo. Atsuki nos habla de su primo Fujuki, no le vé desde hace 7 años, sabe que se divorció y hace poco se casó de nuevo y han tenido un niño (Taro). De pequeños eran muy amigos pero últimamente han perdido el contacto y aprovecha esta visita a Tokyo para verle y conocer a su mujer.
Se presentan Fujuki con su mujer Kouru. Decidimos ir a comer pinchos de pollo a una taberna, después de los saludos de rigor y las pertinentes preguntas, empiezan a contarnos la boda, el viaje de novios, el nacimiento de Taro, la velada es muy agradable y son encantadores, seguimos la conversación con preguntas sobre España, las costumbres, la comida (Fujuki es un apasionado de la gastronomía), luego la cosa se anima y nos invitan a probar diferentes bebidas típicas, casi todas relacionadas con el sake. He de comentar que la comida fué principalmente pinchos de pollo, desde la piel bien crujiente, los higadillos e incluso el cartílago a la plancha (muy curioso).
Kouru tiene que marcharse ya que ha dejado el niño en casa de un familiar y tiene que ir a buscarlo. Fujuki convence a Atsuki (sin tener que insisitir mucho) para ir a comer Lamen (debe ser de familia esto de comer) pues aún tiene un rato antes de irse. Entramos en un restaurante donde sirven un lamen picante con calamares que es una delicia, además lo acompañan con unas empanadas chinas rellenas de carne.

Calles de Tokyo
Acompañamos a Fujuki a la parada de metro y en el trayecto nos metemos por una vistosa calle. Me llama la atención que los coches estén aparcados en la acera, no son cualquier coche, de Mercedes para arriba. En la calle hay muchos bares y clubs nocturnos, y como no, las chicas que están haciendo la calle en busca de algún cliente, invitándote a entrar. También llaman la atención las prostitutas de lujo rusas que están en las esquinas. Esto es parte de la globalización, el tema del sexo. Compruebo que para este tipo de cosas el japonés sigue la máxima de vive y deja vivir, son discretos y no llaman la atención así que la policía hace la vista gorda.
Nos despedimos de Fujuki, invitándole para que visite España, volvemos al hotel pues se hace tarde. En el barrio sólo quedan barras americanas abiertas (bastantes) y decidimos no entrar ya que aparte de caro no es lo que buscamos. Encontramos una tienda abierta 24 horas y compramos unas cervezas.
Subimos a la habitación con la duda de cómo será, pero a pesar de los pronósticos mas desalentadores nos encontramos con una buena habitación, limpia y equipada (muy bien en relación al precio que hemos pagado), nos tomamos la últimas en la habitación y a dormir, mañana nos espera más Tokyo.
Tokyo, Jueves 24 de Octubre

Bahía Yokohama
Nos quedamos dormidos y salimos del hotel una hora más tarde de lo previsto. El día es gris y ha llovido bastante. Salimos en dirección a Yokohama. Tomamos un tren de cercanías que en media hora nos deja en la bahía de esta ciudad. Yokohama es una de las más importantes de la bahía de Tokyo después de Tokyo claro. Hoy en día todas las poblaciones cercanas a la bahía han sufrido un aumento en su economía y demografía, acusa de la concentración comercial que supone el área metropolitana de Tokyo. Nosotros visitamos hoy la zona más moderna de la ciudad situada en el litoral. El complejo lo preside un inmenso edificio del cual no podemos ver el último piso debido a las nubes bajas tan persistentes que hay. Ésto le da un aspecto de enormidad como una montaña. A su alrededor hay diferentes edificios entre ellos uno con forma de vela, que es un hotel, y como no podría faltar, una inmensa noria al lado del mar.
Entramos en un gigantesco centro comercial, el East Queen, son las 11 de la mañana y hay muy poca gente (están casi todos trabajando). Sólo se ven algunos asistentes a un congreso médico que se celebra muy cerca. Atsuki aprovecha para comprarse un abrigo y comenta que en estos tiempos de recesión los precios han bajado en picado y es buen momento para comprar. Por lo visto una manera de solucionar esta crisis es incentivando el consumo, y para eso los japoneses son los reyes.
Salimos de los gigantescos e impersonales grandes almacenes y nos topamos con la gente que empieza a entrar, son las doce y la gente aprovecha su hora de comer para ir de compras. Nos vamos a tomar un café, una de las cosas que tienen en común en muchos países es que el café es igual de malo, desisto durante toda mi estancia a pedir otro café.
Queremos subir al mirador que hay en el rascacielos pero los 1000 yenes por persona de entrada nos hacen cambiar de opinión. Cogemos el tren de cercanías y nos vamos a Electric town a comer algo; después decidimos ir a la zona donde se entrenan los luchadores de Sumo, Atsuki dice que a lo mejor podemos ver algún entrenamiento.
Aprovecha y nos cuenta la vida de los luchadores de sumo (el deporte nacional por excelencia). Son captados cuando terminan la enseñanza obligatoria, si el seleccionador vé que tienen aptitudes son llevados a Tokyo donde se encuentran todas las escuelas/clubs de sumo. Allí empiezan una preparación exhaustiva, tienen que engordar muchísimo sin perder agilidad. Es una vida muy competitiva, el que no vale es expulsado sin más, ya no digamos el que no se esfuerza. A los pocos que consiguen ser ganadores se les trata como reyes una cosa muy parecida a nuestros jugadores de fútbol. En Japón un luchador de sumo ganador es tratado casi como una deidad, cuando un luchador se retira se le corta la coleta y empieza a adelgazar, si ha sido muy bueno terminara siendo profesor de la casa que lo entrenó.
Pero no tenemos suerte y las casas de entrenamiento ya han cerrado sus puertas. Como estamos cerca del museo de Edo (el nombre antiguo de Tokyo), decidimos visitarlo.

Exterior del Museo Edo
El Edo museum es un gigantesco edificio dedicado a la historia de la ciudad de Tokyo desde su más antigua historia hasta la actualidad.
El museo no es para nada el típico museo aburrido y académico, es un museo muy participativo, muy llamativo y atractivo en su concepción y las tres horas que pasamos visitándolo se nos pasan enseguida.

Dioramas del Museo Edo
El museo está presidido por un inmenso paso de procesión, por lo visto es el original y lo sacan de procesión una vez al año, desconozco el motivo de la celebración, pero seguro que es religioso. También hay un típico puente de madera que nos da paso a la zona de exposición del museo. En él nos encontramos desde los primeros restos arqueológicos de la ciudad hasta los artículos más novedosos de la vida cotidiana del Tokyo actual y enmedio hay de todo: armaduras y armas de la época de los señores de la guerra, escritos milenarios, kimonos de emperatrices, los primeros artículos que vinieron de occidente cuando Japón abrió sus fronteras, hasta los coches de Toyota de los años sesenta.

Kabuki Museo Edo
Pero lo que hace este museo especial son sus dioramas, tanto en tamaño natural (casas típicas de Japón, Kabuki, talleres, etc.) como los dioramas a escala. De éstos hay muchísimos y cada uno representa una época de Tokyo, algunos tienen efectos mecánicos, de sonidos y de luces. Pero hay uno en concreto que está formado por casi 1000 piezas que se tiene que ver con pequeños prismáticos, con ellos podemos apreciar los detalles tan precisos de este diorama que representa la zona del puerto de Tokyo en la época medieval.
En el museo me doy cuenta del cambio que supuso la apertura de fronteras con occidente, esta apertura fue tardía con respecto al resto de Asia, ya que Japón tenía una política muy proteccionista, solo se permitía el comercio en zonas restringidas con los portugueses (precisamente la tempura japonesa tan conocida mundialmente es un producto que importaron los portugueses). Cuando esta política aislacionista cambió, Japón sufrió un cambio espectacular en muy pocos años, su sociedad empezó a adquirir muchas de las costumbres occidentales, y se pueden ver en periódicos de la época los anuncios muy parecidos a los de principio de siglo de Francia o Inglaterra. Este cambio llevó a Japón a ser una de las potencias económicas más importantes de Asia y del mundo, hasta que llegó la segunda Guerra Mundial. El museo tampoco se olvida de este episodio de la historia de Tokyo y podemos ver diferentes artículos de aquella época, desde los cupones de racionamiento, hasta propaganda. Luego se nos muestra el resurgimiento industrial en Japón, los coches y las grandes firmas de electrónica y fotografía están presentes con los primeros modelos fabricados.
Es un museo muy completo, temáticamente perfecto, y ha sido un gran acierto el haber entrado, además fuera estaba lloviendo muchísimo.

Tokyo de noche
Nos dirigimos al Metropolitan, se ha hecho de noche y queremos ver la ciudad de Tokyo desde el piso 45 del Ayuntamiento. Es tarde y hay muy poca gente. Han puesto en el hilo musical música de jazz, es el ambiente perfecto, ante nuestros pies están miles de estrellas que se dispersan hasta donde la vista nos alcanza. Parece como si el cielo estrellado que no podemos ver estuviera reflejado en el suelo de esta ciudad. Ver la ciudad por la tarde y por la noche es como ver dos ciudades diferentes, por las calles cercanas podemos ver el denso flujo de un tráfico que circula lentamente, lo más seguro que hacia sus casas, a lo mejor aún les queda un largo trayecto para llegar. Por todos lados se ven trenes que circulan con gran frecuencia por las diferentes vías, las luces de muchos rascacielos indican que aún hay gente trabajando, en total una ciudad como ésta nunca duerme siempre está activa. Es una imagen muy curiosa por un lado quedas maravillado por la belleza de esta ciudad nocturna por otro me da un poco de miedo, es como algo monstruoso, pero me atrae, la verdad. Estamos un buen rato mirando la ciudad sin decir palabra.
Bajamos los 45 pisos en 22 segundos y después de tanto rato con la boca abierta decidimos comer algo en los puestos ambulantes que encontramos a la salida del Metropolitan. Aunque sean ambulantes son caros pero nos hace gracia tomar una cerveza y un poco de udon. A nuestro alrededor se levantan los centros económicos mas importantes de Tokio y por lo tanto del mundo, y nos rodean un montón de restaurantes de lujo, pero nosotros estamos en plena calle en un puesto ambulante como los que había antes de la guerra.
Continuamos callejeando, y aún tenemos hambre así que decidimos entrar en una taberna para comer un poco de lamen, el lugar es de lo más cutre, tenemos que pedir la comida comprando previamente unos tickets en una máquina, el cocinero/camarero no ha tenido muy buen día y se le ve en la cara.
Salimos de allí y seguimos dando vueltas, es tarde y nos tomamos la última en otro puesto ambulante cerca de la estación de metro. En la entrada hay mucha actividad, un grupo de música pop toca en la calle, y curiosamente me encuentro con un puesto de Kebab (comida árabe en pan de pita), se ve que tiene mucho éxito.
Son las diez de la noche de un jueves y la actividad es frenética, se ve mucha gente joven, algunos han salido después de trabajar a tomas unas copas y marchan para casa, otros tal vez comienzan ahora la fiesta, con doce millones de personas, hay gente para todo.

Gente en el metro de Tokyo
Volvemos al hotel, las caras de la mayoría de la gente que va en el metro tienen algo en común, que están dormidos. Algunos con un ligero sueño y otros sobados completamente; nos entretenemos en contar a la gente que hay dormida por banco, hay algunos que están completos de dormilones, en otros hay gente que se resiste en caer dormida, pero pocos consiguen vencer al sueño, aunque no hace falta que estén sentados, con que tengan un punto de apoyo ya es suficiente para conciliar un sueñecito. La palma se la lleva una chica que está escribiendo un mensaje con el móvil y se queda dormida con el dedo en la tecla. En cada parada se desvelaba y volvía con el mensaje pero a los pocos segundos volvía a recaer, nos costó mucho aguantarnos la risa y la educación pudo más que las mandíbulas pero a la salida nos desahogamos.
Llegamos al hotel estábamos cansados y mañana queríamos madrugar.
Tokyo, Viernes 25 de Octubre
Son las 8 de la mañana, Atsuki ya se ha marchado hacia Osaka, tiene una entrevista de negocios. Hoy afrontamos Tokyo sin ayuda, salimos del hotel con los planos, las guías y un itinerario que nos hizo Atsuki ayer por la noche. Intentaremos no perdernos en la mega ciudad.

Palacio Imperial de Tokyo
Hoy vamos a visitar el Palacio Imperial. Salimos de una estación de estilo colonial de principios de siglo. Es una gran construcción de obra vista, muy llamativa para ser una estación. El barrio está compuesto por grandes avenidas, en las que se levantan grandes edificios de oficinas. Son las diez de la mañana y no hay nadie por las calles, se nota que un barrio exclusivamente de negocios. El Palacio Imperial está rodeado por unos inmensos jardines, están cuidados a la perfección, parece que todo el césped está cortado a mano y los árboles están tratados con la técnica de bonsái. Es un recinto grandioso pero por desgracia hoy no podemos entrar, por lo visto hay algún acto oficial. Hay que recordar que el próximo domingo hay elecciones, no es que se note mucho en el día a día, ya que el índice de abstención es muy alto. Atsuki me había dicho que los japoneses no tienen mucha fé en la clase política, piensan que son todos unos corruptos, y que nada va a cambiar independientemente del partido que gobierne.
Bueno, como no podemos entrar al palacio imperial aprovechamos para entrar en un cibercafé, después de rellenar una ficha y presentar nuestros pasaportes (cosas de seguridad) utilizamos media hora el ordenador. Nos cuesta 200 yenes los 15 minutos (carísimo).

Mercado de Asakusa
Nos vamos para Asakusa, hay que comprar los recuerdos y es el mejor sitio para encontrar el regalo apropiado. Hay muchísima gente, es medio día y los alumnos que han terminado sus clases salen a comprar, y por si fuera poco una estrella de la tele se pasea por el mercado acompañado de un cámara y una legión de fans. Tardamos unas tres horas en comprar, termino por conocerme todas y cada una de las tiendas, llenamos las mochilas de paquetes, casi dejamos el mercado sin existencias.

Puente Rainbow
Buscamos el muelle donde coger el barco que nos llevará a Odaiba bajando el río. Son las cuatro de la tarde y el paseo es una delicia. Vamos bajando hasta llegar a la había de Tokyo. Las orillas del río están franqueadas por enormes edificios: algunos son de viviendas (zona de lujo), otros son de oficinas. Podemos ver también los muelles donde los barcos pesqueros traen su mercancía. Y al final de todo, Odaiba, una isla de la bahía unida por un gigantesco puente llamado Raimbow. Esta isla está dedicada prácticamente al ocio y al comercio y hay numerosos centros comerciales, cines, salas de juegos, etc.

Puesta de sol en Odaiba
Desembarcamos y nos damos una vuelta, hacemos tiempo mientras esperamos la puesta de sol. Encontramos una pequeñísima cala con arena, un sitio imposible de imaginar, pero existe y ahí estamos. El sol se va escondiendo por el oeste perfilando la silueta de la famosa Torre de Tokyo, o de los altísimos edificios que la rodean. No somos los únicos que contemplan esta puesta de sol, nos acompaña un ejecutivo con semblante pensativo y zapatos en mano, parece que está relajándose de un posible día estresante. Las tonalidades de luz cambian por momentos, pasan del amarillo al naranja, y al ocre y dan paso a las luces de la ciudad, que cada vez cobran más vida.

Estatua de la Libertad en Odaiba
Después de embotellar arena de la playa de Tokyo para mi colección, nos damos una vuelta por los alrededores de la isla. Es un barrio muy poco atractivo, los centros comerciales hacen que la vista se traslade dentro de sus paredes dejando a la calle vacía y triste. Estamos buscando la réplica (más pequeña) de la estatua de la libertad. La encontramos, nos hacemos las fotos de rigor, y nos vamos.
Para volver cogemos una línea de metro automático que nos llevará hasta Simbai, el tren que no lleva conductor, pasa por el puente y circula en unos raíles que están elevados unos cinco pisos del suelo, desde las ventanas del vagón podemos ver las oficinas y las casas a través de sus ventanas. Al llegar aún tenemos algo de tiempo antes de coger el tren bala hacia Osaka y nos adentramos por el barrio de Ginza.
Ginza es la calle de las tiendas caras de ropa, coches, joyas, pinturas, etc. Las firmas más caras están representadas en esa calle. Hay una futura tienda de Zara y otra de Lladró. Entramos en una vinoteca pero sólo hay vinos franceses e italianos, solo distinguimos un Enate y un Tío Pepe, poca representación vinícola para un país con tanta tradición en buenos caldos (hay que dar a conocer más los vinos españoles).
Volvemos en tren bala, el día nos ha dejado agotados y dormimos todo el trayecto, cuando llegamos a Osaka, Atsuki nos espera.
Hemos superado la prueba de no perdernos por Tokyo (algo muy posible), volvemos a casa, ya sólo nos queda el día de mañana.
Osaka, Sábado 26 de Octubre
Son las nueve de la mañana y después de estar madrugando todos los días hoy nos hemos levantado tarde. Es nuestro último día de viaje y decidimos ir a ver el Palacio Imperial de Kyoto

Palacio Imperial Tokyo
Son las nueve de la mañana, después de estar madrugando todos los días hoy nos hemos levantado tarde, es nuestro último día de viaje y decidimos ir a ver el Palacio Imperial de Kyoto. Después de dos intentos probamos una tercera vez. Tenemos suerte, el día está nublado y no hay mucha gente visitándolo.
El Palacio fué construido en 794, pero el que hoy visitamos es una reconstrucción de 1855. Actualmente es la residencia del emperador cuando éste se desplaza a Kyoto.

Decoración salas Palacio Imperial Kyoto
Vamos recorriendo los pasillos del palacio, cada habitación es como un pequeño cuadro, todas las paredes están pintadas, dragones, tigres, jardines o imágenes religiosas componen la decoración, en el centro del palacio vemos la sala donde el Shogun recibía a sus gobernadores, en la sala hay una representación con maniquís de la disposición protocolaria de cada persona, el Shogun siempre estaba en una tarima más alta que los visitantes y estaba flanqueado por los guardianes que lo protegían en caso de traición.
También destaca el suelo, es de madera pero su peculiaridad más notable es su sonido. Debido a la cantidad de intrigas y traiciones que se producían en aquella época (los ninjas eran los asesinos profesionales que consumaban la traición de algún gobernante con ansias de poder), el suelo de las dependencias del palacio crujía cuando alguien caminada. Es un sistema tan preciso que hasta el ligero paso de un niño hacía crujir el suelo poniendo en guardia a los vigilantes.

JardÍnes Palacio Imperial Kyoto
El resto del Palacio no se puede visitar y nos contentamos con un paseo por los jardínes del palacio. El foso que lo rodea está plagado de carpas multicolores y alguna que otra garza. Lo que más me llama la atención de este parque es el silencio, no hace viento, y no se escucha tráfico alguno en el exterior del castillo. Hay poquísimas personas, destacan un grupo de jóvenes chicas vestidas con riguroso kimono.

Bon festival
Una postal nos llama la atención y Atsuki nos cuenta que es Bon festival, el día de todos los santos en la religión budista. Se celebra a mediados de agosto en todo Japón pero en Kyoto es especial por como lo celebran. Colocan un gigantesco símbolo kenji en la montaña, lo encienden por la noche y toda la ciudad apaga las luces, el espectáculo como podemos ver en la postal es impresionante.

Pachinkos
El resto del día lo pasamos de compras en Osaka, gastamos nuestros últimos yenes en las tiendas, pero nos reservamos una monedas para jugar en el Pachinko Lucero que está al lado de la estación de Takasuki. Cuando entramos lo primero que vemos son las máquinas perfectamente alineadas una detrás de otra formando larguísimos pasillos. El sonido es atronador, las bolas cayendo en la máquina. Es muy tarde y no hay mucha gente dentro pero podemos ver que el juego es patrimonio de todo Japón.

Vista exterior local Pachinko
Podemos encontrar jubilados, jóvenes, amas de casa, hombres de traje y corbata, obreros, el Pachinko no hace distinción social, sólo tienes que tener la edad mínima para poder entrar y jugar. La gente que está sentada tiene al lado unas cestas cargadas con bolas plateadas, cogen un puñado y lo dejan caer, la máquina se encarga de lanzar la bola, tú sólo controlas la potencia de tiro. Dependiendo de donde caiga la bola se obtiene un premio u otro. Nosotros nos dejamos 500 yenes en un minuto, es algo aterrador pensar que alguien pueda estar horas y horas jugando. Aunque en España no está tan organizado el juego de máquinas tragaperras es un gran negocio y una fabrica de ludópatas que llega a destrozar vidas a causa del juego. Supongo que aquí pasara tres cuartos de lo mismo, es un lugar para aislarse, un lugar donde no tienes más preocupación que el recorrido de la bola, las atractivas luces y el sonido estridente hacen el resto. En el local también podemos encontrar una especie de tómbola donde puedes conseguir regalos, una señorita micrófono en mano no para de gritar pidiendo que se animen a jugar, no entiendo lo que dice pero me recuerda a los propietarios de las tómbolas de las ferias ambulantes.
Salimos de aquel ensordecedor ruido, y volvemos a casa, celebramos nuestra última noche, preparamos las maletas y nos vamos a dormir.
Osaka-Madrid, Domingo 27 de Octubre

Japón
Hoy salimos hacia Madrid, nos despedimos de Fujiko, y volvemos ofrecerla la invitación para que vuelva a España a visitar a su hijo y a nosotros. Es un domingo soleado. Tardamos más de dos horas en llegar al aeropuerto. El paisaje que ví hace 17 días lo vuelvo a recorrer en sentido contrario, han sido unos días increíbles difíciles de olvidar. Hemos visitado los lugares más importantes de la zona de Kansai, hemos recorrido las calles de Tokyo, Hiroshima, Tottori, Osaka, Kyoto, Kobe y no sé cuantas ciudades más. Tendría que volver a leer este diario para enumerarlas. En cada una hemos visto lugares maravillosos, turísticos y no turísticos, hemos vivido algunas costumbres del día a día de este país tan cercano a occidente en su apariencia más directa pero al mismo tiempo tan lejano en su forma de pensar. Como he descrito en todo este diario si algo destaca de este país en su contraste, por eso es tan atractivo al viajero curioso.
Es mi primera visita a este país y espero que no sea la última. Cuando averiguo más cosas sobre Japón más ganas tengo de volver. Por eso no me voy muy triste por que en el fondo sé que volveré a ver la puesta de sol en la bahía de Tokyo.